6 sept 2009
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El mundo ya no estaba. Sólo estaban los labios de Yamamoto. Y su cuerpo tan cerca, pero tan próximo, que era incómodo. La cruz en su pecho se le clavaba con un dolor incandescente. No recuerda ni lengua, ni saliva, sólo respiración y palpitaciones. Latidos que se aceleraban.
Gokudera obvió la inexperiencia de ambos, por la forma tan repentina en que se distanciaron. Yamamoto murmurando un “Gracias” entre respiraciones entrecortadas (probablemente de excitación) y a sí mismo derrumbándolo del asiento, con el ceño fruncido.
Gokudera obvió la inexperiencia de ambos, por la forma tan repentina en que se distanciaron. Yamamoto murmurando un “Gracias” entre respiraciones entrecortadas (probablemente de excitación) y a sí mismo derrumbándolo del asiento, con el ceño fruncido.
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