25 abr 2011
Often. @ 21:13

A veces pasaban aquellas cosas.
No era algo de lo que arrepentirse, pero sí de lo que avergonzarse.
De vez en cuando, sus narices rozaban. Ni que fuese su culpa, sus rostros se encontraban muy cercanos al micro y eso provocaba un extraño desliz. Siempre terminaba de la misma manera, una sonrisa al aire como si nada hubiese pasado, la continuación de cualquier canción de amor y los sollozos de miles de fans emocionadas. No era algo que le entusiasmase, luego Macca lo evitaba y eso le hacía rabiar cuan niño pequeño.
¡Maldita sea! ¿Ocasionalmente los pasillos entre camerinos eran tan estrechos? ¿O es que había tráficos de cerdos rondando por ahí? A estas alturas estaba más que indignado con el tacto del trasero de Paul chocar contra su cadera. Parecía no darse cuenta, pero no era muy agradable todo aquello, porque ocasionaba que más de una vez las cosas se tornasen algo complicadas para su persona.
Y ya no hablemos de los viajes en coche... Eran famosos e iban aprisionados como en una lata de conservas. Cada vez que tornaba la cabeza para dirigirle aunque fuese una mísera palabra o incluso burla, sus labios parecían estar gritándole a voces que los besase. O más bien, el rugir del coche aclamaba tal petición.
A veces se preguntaba si tenían alguna especie de iman pegado a los dedos. Era sentarse al lado del moreno en el piano y automáticamente empezar a tocar las teclas sin ton ni son. Ese no era el problema, la dificultad era que en más de una tecla coincidían. Paul apartaba la mirada, John era incapaz de saber lo que estaba pasando pero seguía siendo consciente, mientras que esa usual sonrisa dislumbraba en su rostro.
Así era cada día, una increíble aventura en cada recóndita parte del Beatle más deseado.
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