1 jun 2011
norwegianwood. @ 0:01
Yo nunca supe lo que era ser un caballero.Lo que era tener buenos modales o palabras refinadas. Ni siquiera era capaz de lidiar con ropas formales o brillantes zapatos.
Probablemente aquel día la espanté.
Nada más verla babeé como un animal en celo.
Sus caderas, sus cabellos ondeando al viento... Y esas graciosas paletas que dejaba entrever en su sonrisa.
Entonces sus ojos me miraron y parecieron decirme: "Eres un imbécil." No habían oportunidades con mi futura esposa, pero yo no era un tio al que conociesen por rendirse fácilmente.
Las siguientes horas, días y meses de mi pesada vida, la perseguí. Me había convertido en algo parecido a un acosador, pero el caso no era tan grave. Era amor.
Ese sentimiento me llenaba completamente, me hacía sentirme como un marica y por supuesto, ocasionaba que no hubiese otro tema del que hablar que no fuese ella. "Ella", porque ni siquiera sabía su nombre.
Y ustedes dirán, ¿y el desenlace? Desgraciadamente no hubo ninguno nunca.
El amor no correspondido es cruel, ¿no es así? Pero aprendí a vivir con ello, aunque doliese.
Es hermoso seguir pensando en Ella. Juntos, observando el amanecer... o un cielo estrellado, quizá.
